AFRONTAR BIEN LOS CAMBIOS

20.07.2018

El cambio forma parte de nuestras vidas y muchas veces nos resistimos o simplemente nos resignamos a ello. Es verdad que cualquier cambio genera cierta incertidumbre, temor, inseguridad, pues nos obliga a romper con el modo de vida al que estábamos habituados y en el que nos encontrábamos relativamente cómodos.

Lo que conocemos como nuestra zona de comfort nos tranquiliza, pero lo desconocido, inicialmente nos resulta amenazante porque lo solemos valorar como peligroso y negativo, ademá nos cuesta un determinado esfuerzo adaptarnos a ello según los factores y circunstancias en las que nos encontremos. Incluso si pensamos que el desenlace puede ser positivo, siempre existe esa posibilidad de "riesgo" ante la decisión de dejar algo conocido por algo nuevo.

Todos los cambios nos generan cierto miedo o activación porque nos obligan a adaptarnos a las nuevas condiciones del entorno. Ese temor puede aumentar si, además, el cambio se vislumbra de forma negativa, pensando que la vida se vendrá abajo, pero ¿como sabes que abajo no es mejor que arriba?

La mejor actitud ante un cambio es enfrentarse a él de forma activa, en lugar de evitarlo.

Evitar los problemas como si así fueran a desaparecer, no es una solución recomendable, ya que en la mayoría de las ocasiones, los problemas no se resuelven solos. En cambio, afrontarlos de forma activa consiste en encararte y buscar soluciones de manera consciente y con una finalidad concreta. Esto se puede hacer de forma más o menos racional y planificada y con más o menos garantías de éxito, según cada persona.

A medida que nos vamos exponiendo a situaciones que requieren estrategias de afrontamiento vamos aprendiendo de nuestra experiencia. Muchas veces ante la incertidumbre que genera el cambio, solemos anticipar resultados de manera errónea lo que nos puede provocar ciertos miedos, bloquear y dejarnos anclados ante el problema.

Para afrontar un cambio debemos adoptar una actitud realista y positiva y entender el cambio como parte de la vida y no repetirnos a nosotros mismos ideas negativas y anticipaciones catastrofistas que nos impidan analizar adecuadamente la situación y reaccionar ante ella del modo más beneficioso.

Desde una corriente más psicoanalítica, Leone, explica el miedo al cambio como una emoción innata con raíz fisiológica que se implanta al nacer, ya que en el vientre materno nuestras necesidades están satisfechas, no sentimos hambre ni presiones y de golpe, nos sentimos oprimidos y atravesamos una experiencia traumática: el parto, en el cual el bebé sufre la compresión del nacimiento, que queda grabado en su memoria como un prototipo fisiológico del cambio. Cuando somos adultos, sentimos angustia ante los cambios porque nuestro cuerpo recuerda aquella primera experiencia extrema del parto, y por eso experimentamos síntomas fisiológicos parecidos como la falta de aire, el nudo en la garganta, la opresión en el pecho y la aceleración del ritmo cardíaco.

Los cambios generalmente nos obligan a tomar decisiones importantes. A veces vamos aplazando estas decisiones por miedo a que nos depararán. La comodidad de lo que ya conocemos nos lleva muchas veces a no dar pasos hacia adelante, incluso aunque lo que tengamos no termine de convencer o satisfacermos, porque ¿y si lo que viene después es peor?

Estos miedos y anticipaciones son frecuentes cuando nos enfrentamos a una toma de decisiones, pero el hecho es el siguiente: si nunca damos el paso y no nos exponemos a lo nuevo, nunca podremos mejorar el momento presente, y no podremos comprobar si realmente nuestros temores son ciertos.

Existen procedimientos para ayudarnos a tomar decisiones de la manera más racional y acertada posible, con el fin de elegir aquella alternativa que maximice los beneficios y minimice las consecuencias negativas, pero nadie nos librará del factor riesgo. Para la toma de decisiones nos puede ayudar realizar los siguientes pasos:

1. Definir la situación o problema sobre la que hay que decidir.

2. Exponer todas las alternativas posibles a modo de "lluvia de ideas" (técnica de Brainstorming). Las claves son la cantidad y la variedad, sin valorar consecuencias.

3. Posponer inicialmente la valoración y el juicio sobre cada alternativa. Desechar los miedos y prejuicios sobre cada una de ellas con el objetivo de que no sesguen la decisión ni nos disuadan de tomarla.

4. Analizar detalladamente los pros y los contras de cada una de las alternativas viables, teniendo en cuenta varios aspectos fundamentales:

             a) En qué medida resuelve la situación

             b) En qué medida me siento bien con esta solución

             c) Cuál es el balance de coste/tiempo

             d) Cuál es el balance de coste/beneficio.

5. Optar por la decisión que maximice lo positivo y minimice lo negativo

6. Empezar a llevarla a la práctica, anticipando previamente los obstáculos que nos podemos encontrar.

En resumen, hay que perder nuestros miedos, descubriendo nuestras capacidades y aprendiendo que en la mayoría de ocasiones aquello que temíamos no se cumple.

Aceptar y enfrentarse a los cambios, circunstancias y decisiones como una parte de la vida nos ayuda a disfrutar de los logros y consecuencias positivas que se deriven de ellos, mientras que evitarlos nos convertirá en objetos a expensas de los factores externos.